Viaje a La Palma 2024

Era una fría noche de noviembre. Se acababa de terminar la semana de la ciencia, y tres asaafitas volvían a su casa ansiosos de seguir descubriendo nuevas fronteras. ¿Por qué no hacer un viaje todos juntos?

A diferencia del resto de ocasiones, esta idea no quedó en el olvido. Una semana más tarde, teníamos destino y cartel. Tras mirar vuelos, reservar alojamiento y planear todas las aventuras que hacer, estábamos listos. 

ASAAF viajaba a La Palma.

Día 1, llegada

6 de julio de 2024. 13 asaafitas se reúnen en el aeropuerto de Madrid-Barajas para dar comienzo a la mayor aventura que han vivido en la asociación. Felipe intenta meter una navaja en el equipaje de mano: no lo consigue y le toca facturar. El grupo coge agua de grifo y deseará haber llevado una botella más grande con ellos: la echarán de menos.

3 “niños” se unen a ellos en Tenerife Norte y 3 dinosaurios los esperan a todos en el aeropuerto de La Palma. 

19 asaafitas listos para adentrarse en la Isla Bonita y mirar al mejor cielo del mundo.

Es el primer día, estamos llenos de energía pero no tenemos mucho tiempo. Así que aprovechamos para dar un paseo por la capital y probar un barraquito -después de apoderarnos de todas las mesas de una pequeña cafetería-. La ciudad nos pareció muy coqueta; pequeña pero acogedora.

Por Santa Cruz de la Palma nos encontramos a nuestros compis de local!!

Después del paseo, era hora de poner rumbo al albergue y comprobar el estado de las carreteras. Tras muchas curvas, una paradita para observar el mar de nubes y coches perdidos en el parque de bomberos o en la gasolinera, llegamos al supermercado para arrasar con leche, agua, embutidos, galletas, fruta… 


Con los maleteros a rebosar, cogimos de nuevo la carretera para llegar por fin a Puntagorda, nuestra base. Sin miedo a las cucarachas, nos repartimos las camas y cenamos unas pizzas que supieron a gloria. El albergue era inmenso y tenía una azotea desde la que pudimos observar a simple vista la luz Galáctica.

Esteban montó su telescopio y Aurora preparó su cámara de fotos. Los más dedicados nos hicieron un tour con sus láser mientras el resto mirábamos perplejos el cielo. Pudimos observar hasta que las nubes nos recordaron que había que irse a la cama. Todo el mundo dormía ilusionado, la aventura había comenzado.

Día 2, zona Norte

7 de julio de 2024. Hoy toca visitar la región más arcaica de la isla. Después de haber desayunado y comprobado que es mejor cerrarlo todo bien si no queremos que las hormigas se coman nuestra comida, ponemos rumbo a la caldera de Taburiente, una depresión de 8 km que tiene su origen en una antigua montaña volcánica hoy derrumbada sobre sí misma.


Los Pelos Violentos nos obligaron a ponerle nombre a nuestros grupos de coches, y así se quedó la configuración definitiva con La Cúpula (con presidenta, secretario y tesorero en su interior), Los Barraquitos (que nos recuerda a las distintas generaciones de asaafitas como las capas del café homónimo), los del Efecto Foehn (cuyo coche ascendía por las curvas como una nube) y, por supuesto, Los Pelos Violentos (cuya matrícula LPV describía perfectamente las cabelleras de sus integrantes).

Allí aprovechamos para hacerles fotos a las lagartijas y a las preciosas vistas del parque. Tras una ruta circular y conversaciones entre dinosaurios y jefes, se abrió el apetito y decidimos ir a comer.

Teníamos reserva en el Chipi-Chipi, para probar todos los manjares de la Isla. Después de probar las papas arrugás, el gofio y distintos cortes de carne, llegó la hora de apostar cuánto nos iba a salir la cuenta. No nos extraña que ganara Alba, acostumbrada ya a la isla. Un segundo puesto para nuestro tesorero, que como siga haciendo igual de bien las cuentas, nos saca de pobres.

42 croquetas después, nos dirigimos a Charco Azul para darnos un chapuzón en sus piscinas junto al mar. Por fin un momento de descanso.

Nos sobraba un poco de tiempo para adentrarnos en los frondosos bosques de laurisilva. Desde La Galga, dimos un paseo con nuestros palos (o árboles) hasta que nos tocó volver para ir a comprar antes de que cerraran los supermercados.


En tiempo récord, Efecto Foehn se hizo con las provisiones mientras que los niños nos hicieron un delicioso arroz a la cubana. Después de la cena, Víctor nos explicó el juego que nos mantendría despierto los próximos días. ¿Seríamos capaces de darle el objeto que nos ha tocado a esa persona? 

Dos horas de observación y nos fuimos a dormir. Alba nos obliga a madrugar mañana, qué remedio…

Día 3, astrofísica

8 de julio de 2024, este día promete.

Una ducha, un café (y una biodramina), abrigo en la mochila y a subir cuestas. Llegamos pronto al observatorio del Roque de los Muchachos para aprender qué es eso de ser astrofísico. ¿Cómo funcionan los telescopios profesionales?

Alba y Judith consiguieron hacernos un tour completo, visitando nueve telescopios de distintas épocas, tamaños y frecuencias.

Comenzamos fuerte visitando el Telescopio Nazionale Galileo (TNG), cuya “cúpula” cuadrada nos flipó. Seguimos con el telescopio Mercator, donde pudimos descansar un poco en sus instalaciones y descubrir lo bien que se lo pasan brindando en ocasiones especiales.

Después, tocó visitar la casa de Judith, el telescopio William Herschel (WHT). Su blanca cúpula pedía a gritos una foto con ella, y su espacioso interior nos animaba a seguir una carrera en astrofísica para, quien sabe, ¿terminar trabajando allí?

El Sol llegaba a su punto más alto, y nuestras tripas a su punto más vacío, así que tocaba reponer fuerzas. La mitad del grupo se quedó comiendo unos bocatas, mientras que la otra mitad entró a visitar el Telescopio Solar Sueco (SST). Es increíble ver cómo cambian las técnicas cuando se trata de observar nuestra estrella.

Después de haber descansado y haber maldecido la biodramina que nos dejó atontados un buen rato, fuimos a ver los GOTO. Estas mini-cúpulas contenían un cañón de ocho telescopios “pequeños”, dedicados a estudiar las ondas gravitacionales y otros fenómenos casuales.

Y de nuevo, afloraban las sonrisas en nuestras caras al saber que era hora de visitar el Grantecan, el mayor telescopio óptico del mundo. Alba nos hizo un estupendo tour por su interior y tuvimos la suerte de ver el telescopio en movimiento. Nuestra Sra. Presidenta y su amigo Víctor recibieron la última nota y por fin eran oficialmente graduados en Física. No había un lugar mejor para ello.

Y si de telescopios grandes se trataba, a continuación nos tocó visitar los Cherenkov. Visitamos los dos MAGIC y el primer LST que había. Qué extraño eso de no poner una cúpula para proteger los espejos, ya podrían ser todos así de resistentes… Será la magia de la física de altas energías…

Y ya para terminar, tocaba visitar la casa de nuestra guía favorita, Alba. Después de meternos un poco de miedo por no pisar el láser de sus escaleras, nos dejó entrar en el NOT, y junto a Ben nos enseñaron todas las salas, nos abrieron su cúpula y nos rotaron tooodo el edificio para tener las mejores vistas del Roque.

Fue un día increíble, pero lo mejor no había llegado aún. El día iba cayendo, el cielo naranja iluminaba nuestros ojos apasionados, y era el momento de dejar el observatorio para dejar a los astrofísicos trabajando en paz.

Sin embargo, aprovechamos la altura de la montaña y antes de bajar del todo, vimos el atardecer sobre el mar de nubes. Algunos vimos el rayo verde, otros nos despistamos y nos lo perdimos… Ya se empezaban a ver Mercurio y Venus, y La Luna le daba a Esteban su primer objetivo para apuntar con el telescopio.

La noche se empezaba a cerrar, y por fin la oscuridad total nos permitió ver el mejor cielo del mundo. La Vía Láctea brillaba con luz propia y acaparaba los objetivos de nuestras cámaras, mientras que los asaafitas comenzaban a tener conversaciones profundas. 

Cansados pero llenos de alegría, bajamos al albergue para dormir. Media flota se puso malita, o se mareó, o las dos cosas. Pero nuestra cama nos esperaba para recuperar fuerzas y seguir soñando con este inolvidable día.

Día 4, área volcánica

9 de julio de 2024. Víctor nos hizo madrugar demasiado, pero ya había previsto que se nos pegarían las sábanas y pudimos llegar a tiempo a nuestra cita. 

Nuestra primera parada fue visitar el volcán Tajogaite. Hicimos una ruta por sus alrededores, pisando sobre ceniza negra sobre la que sobresalían algunos pinos canarios que habían sobrevivido a la reciente erupción. Las vistas de la colada sobre la ciudad nos impactaron sobremanera. Después de una foto de grupo junto al cráter y tras rescatar a nuestro secretario de caer rodando por la ladera del volcán, volvimos a los coches para dirigirnos a la segunda parada, el tubo volcánico de las palomas.

Allí aprovechamos para comer un bocadillo y, después, nos adentramos en el tubo. Federica nos enseñó cómo se forma un tubo y qué vida existe en su interior y nos permitió estar en oscuridad absoluta durante unos minutos para disfrutar del silencio. 


Con el alma en paz, era hora de explorar el sur de la isla. Cogimos los coches para perdernos antes de llegar a las salinas de Fuencaliente. Por la zona vimos más volcanes y aprovechamos para comprar unos recuerdos de la isla. Después, tocó hacerse las fotos de grupo: junta, dinos, tesoreros…

Hacía calor, así que no tardamos mucho en volver para pasar el resto de la tarde en la negra arena de la playa de Charco Verde. El agua estaba buenísima, y Esteban tenía tantas ganas de volver a casa que hasta intentó cavar un hoyo. El cansancio sólo le permitió cavar unos pocos centímetros, pero los niños quedaron igualmente impresionados. 

Se puso el Sol, y la gente se puso sentimental. Después de unas bonitas palabras de Jose, era hora de volver a casa para recoger. Un coche volvió antes a la capital para dejar a Alba en casa, y aprovecharon para comerse unas arepas. Mientras en el albergue, se colaba un señor por la cocina para preguntar por un tal Daniel. Menos mal que no tenía malas intenciones…

La noche estaba cerrada, el cielo, despejado. Nuestros conductores llevaban más de 500 km recorridos y se fueron pronto a descansar, mientras el resto de asaafitas aguantó un poco más. A las cuatro de la mañana, todos a la cama.

Nuestro organizador Víctor se quedó despierto toda la noche, vigilando que no volvieran a por Daniel, sacando fotos de las estrellas y con una felicidad indescriptible por lo bien que había salido todo el viaje.

Día 5, despedida

10 de julio de 2024. Víctor nos despertó dando saltos por el albergue. ¿Cómo lo hará para tener tanta energía? 

Desayunamos para intentar arreglar nuestros cansados caretos (sin éxito), firmamos todos la postal, y nos dirigimos con prisa hacia la capital para quedar con Alba y enviar la postal. 

Algunos no saben cómo, pero llegamos todos a salvo. La postal se envió. Y la gente se empezaba a poner nerviosa porque llegábamos tarde al aeropuerto.

 Los que tenían maleta para facturar salieron primero, mientras que los conductores sólo querían echarse a llorar después de tener que ir a repostar, entregar los coches y sufrir demoras en el control de seguridad.

Pero lo conseguimos, estábamos dentro. Un abrazo para los niños, y despegue… Y qué maravilla de vuelo, ese donut nos devolvió la vida a muchos. Finalmente, una hamburguesita en Tenerife, y vuelta a Madrid mientras nos echábamos una merecida siesta.

En el aeropuerto, fotito de parejas de asaaf con su taza. Lo que no hace asaaf, es que no se puede hacer…

Y se acabó. Estábamos de vuelta en casa. Cinco días de viaje, que nos han permitido unir distintas generaciones de asaafitas. Un montón de proyectos nuevos en mente, unas amistades más sólidas que nunca, mil anécdotas que contar y más experiencias que recordar. 

Ahora, más unidos que nunca, ASAAF cuenta con 

salud, y cielos despejados.

Para finalizar, hemos hecho un pequeño vídeo con nuestras fotos favoritas de este viaje:

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