Y cuando me preguntes

Y cuando me preguntes de qué está hecho un viaje te diré que quizás eran los 625 km que nos separaban de Lisboa, que tal vez era un coche viejo y una playlist que se balanceaba entre melodías eclécticas que nos devolvían al pasado y empujaban hacia un futuro incierto. Un juego de palabras y una foto en frente de una antigua iglesia de piedras. Te contaré que un viaje es un batido en una pacífica terraza, son los pájaros encaramados en el cielo azul, un motor que zumba como una corriente subterránea, constante y ajena a nuestros pensamientos. Un viaje son 4 desconocidos. 

¿Y el verano? El verano era tal vez un laberinto de cuestas empinadas y casas de vivos colores. Era los balcones de delicadas balaustradas metálicas donde cuelgan flores y prendas multicolores, ondeando como estandartes de un día cualquiera. El verano tenía la textura de los azulejos de brillantes mandalas irregulares en los callejones que se entrelazaban. Verano son estrechos callejones que respiran en sus adoquines torcidos el eco lejano de las olas. El verano se deslizaba como aquel río plagado de destellos estelares, mientras las gaviotas corrían a nuestro lado.

¿Y el poder, qué es? Es la dualidad de un monumento imponente y sus pasadizos ocultos, la cara visible y las sombras que lleva consigo, edificios vacíos, callejones angostos y oscuros y una topografía marcada por una infinita sucesión de cuestas. El poder es una Villa Misteriosa desplegándose como un mapa antiguo bajo la mirada en un mirador, un laberinto de calles y avenidas sobre las cuales se alza, vigilante, un orgulloso castillo de tiempos pasados.

¿Y qué es la paz? La paz es el silencio en un claustro antiguo que te envuelve, es la suave luz sobre el verde césped y un árbol de acampanadas flores. La paz se encuentra en el eco suave de la aterciopelada música de un inesperado coro y en una imagen sacada por sorpresa. La paz es una sonrisa. ¿Y la fuerza? La fuerza es una llave delicada y una cerradura obstinada que recuerdan la importancia de la paciencia y la delicadeza. La fuerza son mercados inexistentes, y el gusto bacalao, rito de sabor y tiempo compartido.

¿Dónde está Belem? Belem está en un domingo cualquiera bajo las lágrimas de un sauce donde explotan las risas de jóvenes en cuyos labios, manchados de dorada crema, crujen suavemente pasteles hojaldrados en una sinfonía de sabores. Belem es un jardín botánico, el oriente más lejano, y plantas que susurran en sus hojas, animadas por el viento, historias de tierras remotas. Belem son pequeñas familias de aves de sangre azul y un amigable felino. Belem es tal vez la torre sobre el río, una excusa para refrescarse en la cristalina agua del río. Belem es la historia de un fotógrafo, palabras que se esfuman en el silencio.

¿Y Lisboa, cómo desaparece? Lisboa se desvaneció suavemente en las melodiosas calles del Barrio Alto, donde la ciudad parecía respirar con un ritmo propio. Se esfumó en el rincón acogedor de una librería antigua, rodeados por estanterías que sostenían relatos olvidados descubrimos tesoros literarios ocultos, dejando su memoria en dedicatorias que aguardaban ser escritas. Lisboa terminó en un mirador, mientras la música portuguesa se entrelazaba con los últimos destellos del crepúsculo, en una mirada, eco silencioso de conexión humana. Lisboa desaparece en un poema.

Y cuando preguntes de qué está hecho un viaje te diré que está hecho de una una cinta sinuosa de asfalto que se retuerce junto al borde del mar, imitando el vaivén inquieto de las olas que la acompañan. Te contaré que un viaje es una pequeña ciudad costera, un sol intermitente y unas nubes amenazantes. Te explicaré que un viaje está hecho de crema de sol, y de salitre, de carreras al mar y el ruido de Cascais(das) contra los rocosos arrecifes. Que los viajes son conversaciones con las olas acariciándote los pies, son conchitas y piedras de colores, palabras en la brisa. Pero te recordaré que un viaje está hecho también de cabezadas en el coche, de tráfico y una ciudad en las montañas. De una marea de árboles que se extiende en el horizonte, y una carrera contra el tiempo. Un viaje es una preguntas en vacío y el miedo en un hostal.

¿Y la vergüenza de qué está hecha? La vergüenza? La vergüenza es una canción en un altavoz de móvil, es una mirada al suelo, una risa nerviosa y unas mejillas sonrojadas. La vergüenza es una canción en portugués, una capa y una rodilla en el suelo. La vergüenza es un rostro que se oculta, espectro de lo que somos.

¿Qué es la ligereza? La ligereza es un espíritu que se desliza por las calles  de Coimbra como una brisa imperceptible, ingrávido e invisible, como si su presencia no se diferenciase de la de los edificios y los árboles. La ligereza es una explicación a través de los calabozos, donde el eco de pasos antiguos parece habitar aún las sombras; de los claustros, espacios de geometría perfecta donde el tiempo se suspende; de la capilla, donde las paredes están cubiertas por azulejos de enérgicos tonos azules blancos y dorados; y finalmente de la biblioteca, no simple almacén de libros sino universo donde cada libro era una puerta hacia otro tiempo. La ligereza son paredes, cubiertas de ornamentos y detalles dorados, repletas de pesados libros que reflejan el resplandor tenue de las lámparas, como si ellas mismas estuvieran imbuidas de la sabiduría que protegen. La ligereza son las vistas desde una torre, entretejida en fantásticas historias.

¿Qué es la curiosidad? La curiosidad es un lugar donde objetos, aparentemente inertes, contenían fragmentos de otros mundos, de otras vidas. Son las páginas de una guía que deslizan furiosas entre unos dedos, son preguntas y datos históricos. La curiosidad es el reflejo de unos ojos sobre una vitrina que encierra seres y objetos exóticos y extravagantes, es un inmenso catalogo de sueños, de esperanzas. La curiosidad son piedras radioactivas, huesos de dinosaurio y serpientes enfrascadas. La curiosidad es la luz del sol se filtra a través de las hojas danzantes de un bosque de verde bambú, como un velo de oro que juega con la brisa, es el viento, inquieto entre las hojas, una cascada de murmullos.

¿Y las estrellas de qué están hechas? Algunos dicen que las estrellas están hechas de gases incandescentes, que al fusionarse en una danza nuclear liberan esa luz primordial, fuente de vida. Dicen que las estrellas gestaron, en remotos tiempos los elementos que permitieron la vida, pero aquella mañana, las estrellas estaban hechas de antiguos artilugios, de sestantes y catalejos, de miradas detrás de un vidrio, de una curiosidad desesperada, de mitos y leyendas. Las estrellas perdiendo su cadencioso danzar divino, sus radiantes colores se convirtieron en un iris de profundos tonos caoba y perdieron todo su brillo en una inquisitiva pupila detras del ocular de un telescopio. Su historia estaba encerrada en un planetario, cosmos de luces y sombras, en un viaje sensorial a través de galaxias que parecían palpitar en nuestra piel, y en el espectrógrafo solar, maquina radiográfica de los procesos estelares.

¿Y la felicidad, qué es? La felicidad es un campo de luciérnagas sobre el manto azul de un río. Felicidad son 4 pequeñas canoas mecidas por las corrientes en una rítmica y pacífica danza. Es el sonido de los remos explotando violentamente contra el agua, cada golpe resonando con la fuerza del desafío. Son las gotas, brillantes pavesas arrancadas al río, suspendidas por un instante, antes de caer sobre la piel como un eco del momento. ¿Y la traición? La traición es una canoa volcada.

¿Y la amistad? La amistad es una mirada en el silencio. La amistad es el espacio que le dejamos a los demás. Es un entendimiento tácito y un susurro sincero. La amistad es una partida de cartas, una metáfora, una interminable carrera intergaláctica. La amistad es un café por la mañana y un destino sorpresa; una terraza en los canales frente a los coloridos moliceiros de Aveiro, y un dulce compartido. La amistad es una foto, la belleza que vemos en los demás.

¿Pero qué es la belleza? La belleza es un emparedado de todo tipo de carnes, cubierto en queso fundido, con un huevo frito por encima, y sumergido en un ámbar y sedosa salsa. La belleza es una ciudad medieval, y la historia imbuida en intrincados tonos azules y blancos sobre las paredes de una estación. La belleza es la torre barroca mas alta de Oporto y de Portugal, y el redoble de sus campanas. La belleza es un discurso al atardecer, la libertad, la esperanza. Un brote de vida inesperada asomando desde la frialdad metálica, una paradoja entre el frío acero y la cálida promesa de primavera.

¿Y un faro? El faro es una respuesta, una certeza inamovible fijada a tierra. El faro es luz, es referencia. El faro es la duda de la constancia y seguridad de las rocas frente a las peregrinas gaviotas de vuelo ligero, los soñadores y aventureros barcos, batidos por las olas y los vientos, los esperanzados y pacientes pescadores en busca de un tesoro. El faro tiene dos lentes de fresnel y el pelo rizado.

¿Pero, un tesoro qué es? Un tesoro es un detalle, un gesto y una mirada. Un tesoro es el oro de las nubes y un mar de espuma y tenues reflejos. Arena mojada y el agua fría acariciándote la piel. Un tesoro son tres piedras y una concha a espiral. Un tesoro es un fugaz y legendario destello verde, un momento compartido. Tesoro es una deliciosa pizza en compañia y una conversación. Son palabras que se escapan cómodamente susurradas en la noche entre las hojas de un ficus. Un tesoro es un abrazo.

¿Qué es una despedida? Una despedida son 8h. Una foto, un mensaje, una promesa. Una despedida son los húmedos y salados surcos de las lágrimas sobre la piel y una carretera comarcal. Una despedida son miradas encontradas en un retrovisor, cuchicheos y mucha música. ¿Pero y por qué se llora? Porque si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco. ¿Y la música realmente qué es? La música es el estallido de una risa.

¿Pero, y entonces… De qué está hecho un viaje?

Escrito por: Nicolás Lobato

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