Viaje a Tenerife 2025

No hay nada más emocionante que organizar un viaje temático. Unos días para descansar, para disfrutar con amigos y para explorar nuevos paisajes.

Era 20 de diciembre y celebrábamos la cena de Navidad. Víctor sacó un papel con un acertijo que teníamos que resolver. Después de un rato de sudor, supimos por fin nuestro destino.

ASAAF viajaba a Tenerife.

Día 1, llegada

No sé a quién se le ocurrió la maravillosa idea de tener que despertarse a las cuatro de la mañana para coger un vuelo. Por lo menos el viaje fue muy agradable y nos dieron de desayunar (en realidad lo habíamos pagado). Envueltos en una nube y con muy baja visibilidad, aterrizamos en el aeropuerto de Los Rodeos, donde nos esperaba Yannis.

Llegar más pronto de lo previsto no sirvió de nada, pues María y Nico estuvieron retenidos en su avión más de media hora por falta de guaguas que los llevaran a la terminal. Un rato muy largo después, por fin poníamos rumbo hacia nuestro primer destino: Santa Cruz de Tenerife.

La odisea de aparcar quedó en nada después de reunirnos otra vez con Alba. ¡Al fin estábamos todos! Víctor volvió con sus juegos y esta vez nos entregó un cartón a cada uno, con misiones que teníamos que completar para cantar bingo. En Santa Cruz dimos un paseo en el que pudimos observar el auditorio (que recordaba a la casa de la ópera de Sídney), la plaza de España o la iglesia de la Concepción; y aprovechamos cualquier rincón (como una biblioteca) para realizar las primeras fotos del bingo (puro cartonazo, vaya).

Visitada la capital, tocaba ir a comer. Con mesa reservada para 17 en Casa Juan, probamos un montón de platos típicos como las papás arrugás, queso asado, escaldón de gofio o morcilla dulce. No pudimos acabar con todo, así que Alba se llevó la comida de los próximos días hecha.

Estábamos en Candelaria, así que con el estómago lleno bajamos al pueblo para visitar su basílica y ver a la patrona de las Islas Canarias. Allí, tuvimos tiempo para rezar, pasear por su paseo marítimo y hacer una divertida sesión de fotos.

Con una quedada exprés con Pilar, la amiga de Lorena, fuimos a comprar al HiperDino (gracias por no cerrar los domingos). Ocupando todos los pasillos y discutiendo por el tipo de galletas que queríamos desayunar, conseguimos comprar lo necesario y colocarlo con éxito en los maleteros de los coches.

Subíamos por primera vez a los montes de Anaga, rodeados del verde de sus árboles y del azul del mar a ambos lados de la carretera, con un techo blanco que nos acompañaría el resto del viaje. Por fin, llegábamos al albergue. Con un pequeño mirador con catalejo (casi telescopio dirían algunos) incluido, el albergue dejó impresionado a todo el grupo. Después de repartir las habitaciones y encontrar un Geocaching, Aurora y Carol prepararon unos riquísimos burritos que devoramos.

Con un cansancio monumental, comenzamos la velada nocturna. Víctor nos selló las casillas que habíamos completado y después intentamos acertar las preguntas del quiz, tan complicadas que solo Aurora y Miguel pudieron responder.

Después de meses de preparación, todo comenzaba a rodar según lo planeado. ¡El viaje había comenzado!

Día 2, Tenerife Norte

Después del palizón de ayer, hoy sería un día tranquilo. En principio nos iban a entregar por la mañana el telescopio que habíamos alquilado, pero el grupo anterior había perdido un tornillo de colimación y tuvimos que salir sin él.

Comenzábamos la mañana bajando los montes de Anaga (con un ligero choque con el quitamiedos y con carreteras cortadas por mantenimiento). Nuestro destino: La Orotava.

Nuestra primera parada fueron los jardines del Marquesado de la Quinta Roja (o, como dicen todos, los Jardines Victoria). Aunque no fuera primavera, pudimos disfrutar de algunas de sus flores y de sus vistas a la ciudad acompañados de un cernícalo. Después de hacernos varias fotos, nos dirigimos al jardín botánico, donde las flores quedaron eclipsadas por las fotos graciosas que hicieron algunos.

Con parada para ir al baño incluida, comenzamos un paseo por el casco histórico. La iglesia estaba cerrada, pero eso no nos impidió hacernos una foto en sus escaleras que dejara claro los niveles de poder en la junta.

Nuestro segundo destino era Icod de los Vinos. Luchando con el embrague (o aprovechando el motor automático) conseguimos subir sus empinadas cuestas para llegar al restaurante El Frenazo. Volvimos a comer comida típica canaria, esta vez calculando mucho mejor la capacidad de nuestros estómagos. Al terminar, nos trajeron el telescopio y, cargaditos, pusimos rumbo al centro de la ciudad.

Allí compramos un recuerdo para el local y entramos al jardín botánico, casa del Drago Milenario. Clara nos explicó que no es un árbol, sino que pertenece al grupo de las monocotiledóneas. ¡Y encima no tiene mil años! Igualmente sus troncos nos dejaron impresionados y no dejaron de ser fotografiados.

No teníamos tiempo para visitar el mariposario, así que volvimos a los coches para nuestro último destino: Garachico. Fuimos directamente a las piscinas naturales El Caletón donde pudimos bañarnos rodeados de cangrejos. Yannis se atrevió a saltar mientras Rocío grababa algunos vídeos con su cámara sumergible y Carol se quedaba sin cordones. Un rato muy agradable antes de recoger e ir a comprar.

Aurora dejó mal aparcado el coche (o al menos eso le pareció a Esteban). Esta vez no compramos agua: confiamos en que no nos sentaría mal la del albergue. Repusimos galletas y compramos los bocatas y empanadas del día siguiente. Ya en el albergue, los niños volvieron a hacernos arroz con tomate. No lo recordábamos tan rico.

Para acabar la noche, Víctor volvió a sellarnos nuestras misiones del bingo y Miguel consiguió cantar la primera línea. De recuerdo, se llevó un llavero que lució durante el resto del viaje.

Día 3, Parque Nacional del Teide

Hoy es el día más especial del viaje, subimos al Parque Nacional del Teide. Salimos del albergue con mucha niebla sobre las 9:15. En el coche sonaba muy buena música y nos entreteníamos hablando de la emoción que teníamos de visitar el observatorio. 

En la subida hicimos una parada en el mirador de Chipeque, donde aprovechamos para estirar las piernas y hacer alguna foto. Íbamos un poco tarde respecto al plan, así que nos tuvimos que saltar una parada en otro mirador.

Ya arriba, hicimos una segunda parada en las Minas de San José, donde se hacen pruebas para los róver marcianos. Después de admirar las coladas de lava y hacer un rato el gamberro, pusimos rumbo al mirador de la Ruleta, desde donde veríamos los Roques de García.

Nuestras magníficas conductoras, Aurora, Clara y Lorena, hicieron todo lo posible por aparcar para disfrutar del mirador… pero no se pudo. Solo un coche consiguió parar y tomar algunas fotos. El resto, rumbo al centro de visitantes de El Portillo. Comenzábamos allí la ruta 14, que rodeaba el alto de Guamaso. Nuestra querida presidenta se cayó por la ruta (algunos creen que por culpa de Laura… pero en realidad estaba huyendo de un bicho), así que tuvimos que curarla y volver antes de terminar la ruta.

La altura no le sentó bien a todos, así que era el momento de recuperar fuerzas. Comimos el bocata rodeados de lagartos tizones (algunos un poco violentos). Con la tripa llena, nos reunimos por fin con Alba y Samuel en el observatorio del Teide.

Allí, María por fin pudo hacerse una foto con los hexágonos del Grantecan (aunque le costara encontrarlos) y pudimos visitar los telescopios del IAC. Samuel y Alba fueron unos guías excelentes y nos explicaron todo muy bien. Fue increíble ver cómo abrían los pétalos de los telescopios o los movían a mano. Una vez visitados el IAC80, el Carlos Sánchez y la pirámide solar, bajamos a ver los nuevos ASTRI.

Durante el paseo, Esteban alucinó con el Sistema Solar a escala que tenían a lo largo de la carretera. ¡¿Cómo que Próxima Centauri se encontraba en Reino Unido?! Con la improvisada guía de Yuan en los Cherenkov, finalizaba nuestra visita a los telescopios.

El sol comenzaba a caer. Después de una cena exprés, subimos al mirador para ver el atardecer con vistas a la isla bonita. Ya con el sol bajo el horizonte, comenzó la velada más esperada del viaje. Yannis contó un dato muy curioso sobre el Teide, y María y Rocío activaron sus supernovas. A punto de cantar bingo, a María no le pareció gracioso que tuviéramos que intercambiar los cartones, así que Nico resolvió el conflicto jugando a piedra, papel y tijera. Con un ajustado 3-2, María pudo recuperar su cartón y tener el premio un poco más cerca.

Se alzó la noche y Esteban y Miguel comenzaron su misión de apuntar a Omega Centauri, Nico y Víctor subieron a hacerle fotos al Teide y los demás disfrutábamos del maravilloso cielo que estábamos viendo.

Lo mejor de la noche fue poder vivir de primera mano el trabajo de un astrofísico. Samuel nos enseñó cómo observaba en remoto mientras que Manolo nos enseñó la sala de control del TCS y nos dejaba entrar a la cúpula mientras hacía sus observaciones. Una auténtica pasada.

A la 1:00 de la madrugada pusimos rumbo al albergue. Estábamos cansados, había niebla… Pero volvíamos contentos, la noche había sido maravillosa.

Día 4, macizo de Anaga

Hoy pudimos dormir hasta tarde mientras un coche bajaba a la ciudad para hacer la compra. Según ellos cumplieron bien con el plan que tenían, pero llegaron una hora tarde al albergue…

Era un día de niebla y chispaba en los montes de Anaga. Era el escenario perfecto para explorar sus entrañas. Pusimos rumbo al sendero de los sentidos, donde tendríamos que haber experimentado sensaciones con carteles que no existían (no se nos ocurrió descargarnos la guía digital). En cualquier caso, el ambiente nos enamoró.

Después del corto paseo, volvimos al albergue para comer unos buenos macarrones con chorizo. El plan de la tarde era visitar la playa de Benijo, una playa solitaria a la que acudía gente sin bañador, pero estaba cerrada por desprendimientos (o eso decía Google Maps). No nos íbamos a quedar de brazos cruzados, así que pusimos rumbo a la playa de al lado, la playa del Roque de las Bodegas.

Allí disfrutamos de las olas como niños. Los más jóvenes quedaron con unos amigos de la facultad; otros nos entretuvimos dibujando el logo de ASAAF en la arena o cavando un hoyo tan grande que casi se conectaba con el del año pasado. Tampoco faltó el momento fotos, cuando Esteban se convirtió en nuestro nuevo mesías.

Ya en el albergue, arrasamos con las sobras en forma de ensalada. En la velada, las preguntas del quiz se resistían, pero aun así María pudo cantar bingo y llevarse una taza de regalo. Como premio de consolación, el resto obtuvimos unas fantásticas pegatinas del viaje y del 30 aniversario de la asociación.

Día 5, vida marina

Comenzamos el día con un pequeño madrugón para ir hasta Buenavista del Norte a coger una guagua. Cruzamos nubes y lluvia al salir del albergue; el día pintaba chungo. ¿Mejoraría?

Con nuestras mochilas a hombros, cogimos la guagua (experiencia canaria al completo) hasta Punta de Teno, el punto más noroccidental de la isla. Allí subimos hasta el faro, nos hicimos unas cuantas fotos y disfrutamos de las vistas. Todo ello sin volarnos en el intento.

De vuelta en Buenavista, emprendíamos la ruta más compleja del itinerario: recorrer las carreteras del parque de Teno y subir a Masca. Alucinando con el manejo de nuestras conductoras, llegamos salvos y sanos sorteando hasta un ciclista algo egoísta. Arriba, no había sitio para aparcar, así que solo pudo parar un coche en un mirador para sacar algunas fotos.

Tocaba seguir el camino y bajar hacia los Gigantes. El día se había despejado, hacía sol y mucho calor. Encontramos una sombra y nos comimos un maravilloso bocata. Hicimos una pequeña ronda de compra de postales y nos cambiamos para ir al puerto. Allí esperamos sentados en el muelle hasta que llegara nuestra embarcación. Llegamos tan pronto que hasta nuestra presidenta tuvo tiempo para conquistar a un marinero, lo que confirmaba su aura de sirena.

Nos montamos con mucha ilusión en nuestro barco y fuimos directos a buscar cetáceos. Los primeros en ser descubiertos: una pareja de calderones tropicales. Les hicimos una sesión de fotos generosa y seguimos nuestra ruta para ver delfines mulares. Pudimos disfrutar de una pareja preciosa; fue muy emocionante. Después, nos acercamos a la bahía de Masca, donde nos bañamos y buceamos con peces a nuestro alrededor. De regreso, disfrutamos de un refresco (o de alguna bebida inapropiada) y pudimos revivir momentos Titanic.

De vuelta en puerto, nos reencontramos con Clara, que se había quedado en tierra probando la calidad de la playa. Cogimos los coches y nos acercamos a la playa de la Arena. Disfrutamos de un baño corto en una playa de arena negra y agua fresca (pero un poco revuelta). Vimos (y no vimos) el atardecer y de vuelta a casa.

Volviendo al albergue, descubrimos un tornillo en una rueda del coche de Aurora (lo que explicaba la falta de presión y que la llanta estuviera casi tocando el suelo). Haciendo paradas y con mucho cuidado, conseguimos llegar sanos y salvos al albergue. Nos refrescamos y pusimos el horno (después de muchos, muchos, muchos intentos). Tras una espera que parecía interminable, salieron las pizzas que supieron a gloria, desde luego.

Vivimos nuestra última velada, en la que algunos más completaron el bingo y firmamos la postal de recuerdo. Era tarde, y Víctor insistió en seguir haciendo la ronda de preguntas hasta que los tres que quedaban acertaran alguna. Acertadas esas y algunas más, no pudimos terminar toda la ronda antes de caer agotados. Tras evitar un linchamiento, le dimos una sorpresa a nuestro guía y organizador de todo: un boli con avión y una camiseta de Tenerife. ¡Gracias Víctor por todo el trabajo y esfuerzo para llevarnos a ver uno de los cielos más bonitos!

La gente estaba muy cansada y no aguantaron despiertos para jugar a cualquier juego. Nos fuimos pronto a dormir, no sin antes tener que superar la crisis de tener un ciempiés bajo la cama de la presidenta o de ponerle un tatuaje (temporal) a Víctor.

Día 6, salida

Sobre las 10:20 todo el mundo estaba despierto y desayunando (desayunando mucho para no dejar sobras). Algunos hacían la maleta, otros limpiaban la cocina y otros entregaban de vuelta el telescopio. Preparadas las bolsas con las sobras para Alba y finalizada la revisión de habitaciones, estábamos listos para salir a por nuestro último día.

Después de conseguir aparcamiento en La Laguna, visitamos su catedral y las calles del casco histórico. Se escribieron y mandaron las ultimas postales y tras unas paradas para comprar souvenirs, llegamos a la arepera Punto Criollo para comer (se les había olvidado que tenían una reserva para 16, menos mal que llegamos pronto). La comida finalizó con el reparto de astropostales y pegatinas del IAC de la mano de Alba.

Completamos nuestro día por La Laguna con una última instantánea de todos los integrantes del viaje frente a la iglesia de la Concepción, y rumbo al aeropuerto.

Las pruebas de tensión-compresión en los coches no se habían llevado al extremo hasta que uno de los coches intentó salir del parking. Después de un pequeño susto y de tranquilizar a nuestra fabulosa conductora, conseguimos llegar al aeropuerto sin generar alarma en el resto de viajeros.

Era el momento de despedirse. Abrazos por doquier, último mensaje por el grupo, y despegue.


Ha sido un viaje bonito, de aquellos que se recuerdan con cariño después de años. Un viaje donde hemos tenido tiempo para aprender, para reír y para vivir nuevas experiencias.

De parte de todo el grupo de asaafitas, gracias a la junta directiva por organizar al detalle este viaje, y muchas gracias a Alba, Samuel y Manolo por abrirnos las puertas del IAC y permitirnos disfrutar de uno de los mejores cielos del mundo. Con cariño: salud y cielos despejados.

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